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Una habitación propia, Virginia Woolf

Sería una lástima terrible que las mujeres escribieran como los hombres, o vivieran como los hombres, o se parecieran físicamente a los hombres, porque dos sexos son ya pocos, dada la vastedad y la variedad del mundo.

En 2018 leí bastante sobre Virginia Woolf, primero el recopilatorio de cartas de ella con Lytton Strachey, publicado por Jus, y acto seguido empecé con la lectura de su biografía escrita por Lyndall Gordon y editada por Gatopardo Ediciones, además de artículos y reseñas de su obra, pero empezar con sus textos me daba un poco de miedo.

Por eso me vino que ni pintado que la primera lectura de El club de Rory (club literario un poco freak, pero muuuy chulo al que me apunté a finales del año pasado) fuera Una habitación propia. Ya no valían excusas para enfrentarme a ella.

Aunque no se trata de una novela, en Una habitación propia Virginia Woolf se vale de uno de sus principales rasgos narrativos, el fluir de la conciencia, para explicar en forma de speech escrito la relación de las mujeres con la novela y la literatura a lo largo de la historia. Pero lo que me ha parecido realmente interesante es que Woolf nos hace partícipes de sus reflexiones y de los mecanismos argumentativos que utiliza. Leyendo Una habitación propia no solo conocemos sus opiniones, sino que presenciamos, además, el trabajo mental de Virginia hasta llegar a las conclusiones y las teorías que quiere compartir.

Al principio me costó un poco sintonizar con el estilo y el ritmo del libro, pero una vez entré quedé totalmente cautivada por la inteligencia y la perspicacia de Woolf. Además de la facilidad que tiene para crear imágenes que explican de manera prácticamente sensorial, asequible a cualquier lector, conceptos abstractos o sensaciones que de otra manera serían difíciles de explicar.

El pensamiento –para darle un nombre más noble del que merecía– había hundido su caña en el río. Oscilaba, minuto tras minuto, de aquí para allá, entre los reflejos y las hierbas, subiendo y bajando con el agua, hasta –ya conocéis el pequeño tirón– la súbita conglomeración de una idea en la punta de la caña; y luego el prudente tirar de ella y el tenderla cuidadosamente en la hierba.

Pero Virginia Woolf va más allá de la novela en su análisis y analiza también la relación de las mujeres con la educación, el dinero o la familia, todas ellas intrínsecamente ligadas las unas con las otras. No quiero entrar a hacer un comentario muy profundo de la lectura porque no me siento preparada para ello. Tampoco puedo decir que durante la lectura no haya discrepado o me hayan chirriado algunas cosas. Pero entiendo porqué Una habitación propia y Virginia Woolf son tan importantes e icónicas del movimiento feminista, y me ha maravillado la capacidad de esta mujer de mirar más allá de su entorno, incluso de su tiempo, para analizar de forma crítica el papel que la vida le tenía reservado a las mujeres de su generación.

Os dejo algunas de mis citas favoritas y que más me han hecho reflexionar:

Pensando en todas estas mujeres que habían trabajado año tras año y encontrado difícil reunir dos mil libras y no habían logrado recaudar, como gran máximo, más que treinta mil, prorrumpimos en ironías sobre la pobreza reprensible de nuestro sexo. ¿Qué habían estado haciendo nuestras madres para no tener bienes que dejarnos?

Ninguna fuerza en el mundo puede quitarme mis quinientas libras. Tengo asegurados para siempre, la comida, el cobijo y el vestir. Por tanto, no solo cesan el esforzarse y el luchar, sino también el odio y la amargura. No necesito odiar a ningún hombre; no puede herirme. No necesito halagar a ningún hombre; no tiene nada que darme. De modo que imperceptiblemente fui adoptando una nueva actitud hacia la otra mitad de la especie humana.

Durante todos estos siglos, las mujeres han sido espejos dotados del mágico y delicioso poder de reflejar una silueta del hombre del tamaño doble del natural. Sin este poder, la tierra sin duda seguiría siendo pantano y selva.  

¿Por qué las mujeres no les pueden decir este libro es malo, este cuadro es flojo o lo que sea sin causar mucho más dolor y provocar mucha más cólera de los que causaría y provocaría un hombre que hiciera la misma crítica? Porque si ellas se ponen a decir la verdad, la imagen del espejo se encoge; la robustez del hombre ante la vida disminuye.

En realidad, si la mujer no hubiera existido más que en las obras escritas por los hombres, se la imaginaría uno como una persona importantísima; polifacética: heroica y mezquina, espléndida y sórdida, infinitamente hermosa y horrible a más no poder, tan grande como el hombre, más según algunos. Pero esta es la mujer según la literatura. En la realidad, como señala el profesor Trevelyan, la encerraban bajo llave, le pegaban y la zarandeaban por la habitación. De todo esto emerge un ser muy extraño, mixto. En el terreno de la imaginación, tiene la mayor importancia; en la práctica, es totalmente insignificante.

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