El nadador, Zsuzsa Bánk

El nadador, Zsuzsa Bánk

Mamá nos había abandonado y a pesar de ello nuestra vida continuaba. Llegaba la mañana y se hacía de noche, y que eso fuera así dejó de sorprenderme.

Últimamente me pasa con muchos libros que me cuesta empezar. Con El nadador no ha sido diferente. Empecé metiendo los pies, pero el agua estaba tan fría que todo el rato sentía el impulso de salirme. Pero hubo un momento, en que mi cerebro se fue acomodando a la temperatura y al final acabé flotando, dejándome mecer por las suaves olas que conforman esta preciosa y melancólica novela.

En ella viajamos por los recuerdos de Kata, quien durante todo el libro prácticamente no se sale de su papel de narradora y es a través de sus ojos que vamos captando pinceladas de la vida que la rodea e intentamos, como ella, ir interpretándola, buscarle un sentido, inventando la explicación más plausible a preguntas sin respuesta.

La convulsa Hungría soviética de los años 50 y 60 pone el marco a las diferentes vidas que se van cruzando en el camino de Kata, de su padre Kálmán y de su hermano Isti. El conflicto que inicia el libro es la deserción de su madre, Katalin, hacia el Oeste capitalista. En ese momento, su familia se rompe y cada uno de los pedazos restantes afrontará el luto por esa pérdida a su manera.

Junto a su padre, Kata y Isti emprenden un viaje de no retoro por el país durante el que se irán cruzado con otras vidas rotas. En este periplo, el agua en sí será como un salvavidas que les ayudará a seguir en movimiento, pero también dónde encontrarán el sosiego y la felicidad necesarias para seguir adelante.

En el libro los márgenes son difusos, los recuerdos van y vienen como siguiendo el ritmo pausado y constante de las olas. En la orilla el agua se mezcla con la arena, los momentos importantes se alejan y luego vuelven rompiendo con fuerza.

Es una lectura lenta, para disfrutar poco a poco. En ella todo se intuye, se insinúa, nunca nada se expresa abiertamente. Sobre todo, en la primera mitad de la novela, cuando Kata es más pequeña y su visión del mundo, más limitada. Pero es precisamente por este motivo por el que me ha ganado Zsuzsa Bánk. No esperes un libro trepidante, en el que se te dé todo mascado. Ella te da las piezas, pero el puzle tienes que irlo armando tú.

Como decía al principio, es una lectura melancólica, en la que las respuestas no son relevantes, sino encontrar la manera de sobrevivir a los por qué, a la pena, a las miserias del ser humano; a la vida.

*Yo leí la versión en catalán de Quaderns Crema, traducida por Mariona Gratacòs. En castellano lo tenéis editado por Acantilado, traducido por Berta Vias Mahou.



Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.